Resplandeciente

24 noviembre, 2014

El movimiento de los cuerpos inertes  (2)

Resplandeciente

Era en ocasiones como esta cuando ella brillaba con luz propia. Su momento cumbre llegaba tras la (como siempre) agradable y larga cena, cuando los comensales se repartían en pequeños “gruppettos” para conversar distendidamente, comentar  novedades, hacer  pequeñas  confidencias… Allí estaba ella en todos esos momentos más íntimos y personales en que las personalidades dejaban a un lado los formalismos y la etiqueta y se tornaban comunes mortales con penas, ilusiones y, claro, sus pequeñas vanidades…

Ellas y ellos, atraídos por su luz, por su natural elegancia, por su conocida discreción, se congregaban a su alrededor y, “sotto voce”, le confesaban pecados, vertían arriesgadas opiniones, declaraban sueños. Siempre era así y ella, discreta, guardaba en silencio sus inquietudes y zozobras. Era, en suma, la perfecta y elegante dama anfitriona.

Por todo ello no comprendió por qué (hacía casi dos semanas de aquel aciago día) la habían abandonado en aquella horrible casa de subastas y colocado aquel vejatorio y deleznable  letrero: “Lámpara Tiffany. Precio de salida: 9.000 Euros”.

¿Quién dice que los cuerpos inertes no pueden vivir su propia entelequia?

Tiffany

 

 

 


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