Barcelona 2416

Barcelona 2416

 

Salimos del centro de domicilios 264 de la Ciudad-Estado de Barna con lo necesario para pasar la tarde fuera: autoconsumibles, cánvies de agua, luminiscentes y la tarjeta ciudadana. Mi tarjeta es provisional y ese es el motivo por el cual no podemos coger el subterráneo, ya que no tengo  derecho al bono de transportación metropolitano.

Como siempre, salimos abrazadas por la cintura. Caminamos hacia la zona industrio-municipal (atajando de esta forma es más fácil llegar al centro urbanita). Otro tema será cómo lo tienen organizado los de la “Plataforma” para conseguir que la hologramización pueda proyectarse sobre la isla…

Caminando por las calles antiguas de la época pre-desarrollo, aún puedes sentir bajo tus pies aceras de hormigón y tramos de asfalto por donde hace cientos de años pasaban vehículos individuales de personas que no estaban sujetas a ordenanzas laborales. Son calles un poco peligrosas, pero mi compañera está acostumbrada a moverse por ellas y entre los grupos marginales que las habitan. Ella misma se crio en uno de esos grupos; no sabe quiénes fueron sus progenitores,  pero, al contrario que yo, sabe que nació de una pareja grupal, no por encargo en un centro reproductor estándar.

Es agradable andar por una misma, sin ser trasportada por cintas peatonales atestadas de gente y pasando el holochip en cada salida o intercambiador; dar pasos (algo tan sencillo como dar pasos) sin quedarte pegada al imantadorimovilizador del suelo, aunque en cada paso levantemos seis kilos con cada pie, lo cual hace que caminar un tramo largo sea un acto de voluntad que sólo la gente que tiene piernas fuertes y el corazón  libre se puede permitir. En cualquier caso, me resultó un  paseo romántico.

Pasamos por delante de una de esas zonas que llaman decadentes, donde se ven trozos de lo que al principio del milenio eran pisos. Cuesta entender cómo podían vivir tantos millones de personas en habitáculos individuales, apilados unos encima de otros, con paredes de hormigón opacas que separaban por trozos los llamados pisos, donde incluso podía vivir una sola persona con varios trozos para ella. Bueno, tampoco la población era de 28 millones en la metropolitana. Dice Alyf que incluso había pisos de esos en el mismo centro, donde vivían las clases altas. Al pasar por delante de uno de esos sitios, salen a nuestro encuentro dos chicos, que aunque llevan las botas como todo el mundo, visten como ella, como Alyf; no llevan ningún uniforme corporativo, ni la ropa autorizada de ocio. Se reconocieron.  Yo olí el aroma de la “jacha”:

–¡Qué bien huele! –dije–. Podíamos comprar un poco. Desde que llegué de Bilbo no he fumado nada

–Pídele –me contestó Alyf–. Es de confianza, seguro que te da un poco.

Así lo hice, pero no entendí nada de lo que me decía. Llevo fatal el barnabla.

–Díselo tú, que te entiendes con ellos. Coge sólo un poco para probar.

Entró en los restos del “piso” y yo me quedé fuera esperándola. Cuando salió traía uno  de esos sobres que no detecta ningún lector de control y, dentro, tres gramos de “jacha”.

–¿Lo quieres en casa o lo inauguramos aquí?

–¿Aquí fuera? –dije asombrada.

–No, mujer, dentro. Qué tontita eres…

Entramos y compartimos con los moradores del piso un par de pipas. ¡Qué bien me sentí! Hablamos de cosas de la Ciudad-Estado, de la libertad de movimiento y de la concentración que la “Plataforma” había convocado. Les pareció bien la idea. Quedamos en que nos veríamos en los aledaños de la Isla, en la salida 188. Ellos también participarían. Les daba bastante igual si los “enchampaban”; ninguno tenía ya ni permiso laboral ni permiso de hábitat.

Reanudamos el paseo-caminata, pasando por los nudos viarios de la zona industrio-municipal. Millones de líneas de BMG (Bulk Metallic Glasses) se entrelazan allí. Todo lo necesario para la Ciudad-Estado se transporta por ellas y todas mueren en la zona portuaria (el puerto es el segundo más grande del Mediterráneo). Desde la lejanía me recordó a mi Bilbo natal:

–Todas las ciudades-estado son iguales –comenté.

Cruzamos un tramo muy bonito al desviarnos hacia el centro. Alyf me comentó que ese espacio en concreto había sido, siglos atrás, una avenida importante de la vieja ciudad de Barcelona (el antiguo nombre de Barna, cuando todavía no era una ciudad-estado independiente): se llamaba “La Diagonal” y era un trozo ancho de asfalto antiguo, con aceras de hormigón y huecos cada pocos metros. Le pregunté para qué eran aquellos huecos. Contestó, divertida, que antes la ciudad tenía árboles en las calles y en esos huecos era donde se colocaban, formando así ordenadas filas.

–¿Árboles como los de las zonas protegidas? –pregunté estupefacta.

– Sí, de esos –me contestó con una sonrisa.

– ¿Y cómo podían mantenerlos con vida?

–Porque las vitrocúpulas no existían.  Aún sentían los rayos del sol y el aire era respirable en el planeta.

–Sí –dije–, algo sé de historia antigua. Que había noche y día y que era el sol el que marcaba las pautas de trabajo, pero no tenía ni idea de lo de los árboles…

Enganchamos las cintas trasportadoras a la altura del distrito 12. Los cilindros transparentes de los centros domiciliarios son allí más altos, pero menos anchos. Hay bastante menos densidad por planta.

–Debe de estar bien compartir planta con menos de 150 personas –comenté.

–Bueno –me contestó Alyf–,  sigues sin tener privacidad alguna. Marca –me dijo a continuación–. Esta es nuestra salida: la 188. Tenemos que transbordar por las gomas para llegar al intercambiador.

–Pero ¿no esperamos a tus amigos?

–No creo que vengan…

Alcanzamos el intercambiador. En teoría yo no tengo acceso a esa zona, pero tengo el sello del “Curso Inter-ciudades” y quedamos en que lo agotaría hoy. La ocasión lo merece. La zona que queda inmediatamente debajo de la Isla, es “Espacio Histórico-Protegido” y se denomina “Barrio gótico” según todas las informaciones. Siempre hay turistas que van ligeros deslizándose con sus botas-patín. Nosotras seguimos cargando el peso de las botas de ciudadano laboral, uno de los motivos que explica que casi nunca haya ciudadanos laborales en esas zonas.

Al fin dimos con el grupo de la “Plataforma Ciudadanos Humanos”. Nos saludamos. Éramos menos de los que yo había imaginado (sentí una cierta decepción) .

Puenteamos a un solo dispositivo las holomarcas de nuestras manos. El valiente voluntario lo proyectaría con toda la potencia reunida sobre la pantalla protectora de la Isla; lo cogerían, pero no quedaría rastro de las restantes identificaciones. Estábamos nerviosos.  Los haces de comprobación podrían detectarnos en cualquier momento. Estar tres segundos sin la holomarca hace que los inspectores ciudadanos te pidan explicaciones exhaustivamente y que comprueben todos tus datos historico-vitales. Alyf tiene un “chisme” que puentea la señal de continuidad y no la rompe. Yo apareceré como desconectada de la red ciudadana. Tengo excusa: cuando vayan a mirar lo registros de horarios de mi descalzador, diré que estaba en la zona haciendo turismo, aprovechando que he venido a hacer el “Curso Laboral Inter-Ciudades-Estado”. Aún estoy en periodo de formación. Luego, la “Plataforma Ciudadanos Humanos” me conseguirá un puenteador y podré vivir más tranquila, es decir, pasaré a la clandestinidad.

Nos dispersamos. Salimos de la “Zona Histórico-Protegida”. Al llegar al intercambiador vimos el holograma de la “Plataforma” proyectado sobre la Isla:

 

EXIGIMOS EL DERECHO A CAMINAR LIBREMENTE

PLATAFORMA CIUDADANOS HUMANOS

 

No apartamos los ojos de él. Sabíamos que duraría muy poco, pero sonreímos: era un “paso”, un pequeño paso hacia la libertad del ser humano.

Nos abrazamos sobre la cinta transportadora y volvimos al cilindro domiciliario así, abrazadas y caminando.

Porque somos seres humanos libres, aunque vivamos con los pies encadenados.

Botas4

 

 

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2 Responses to Barcelona 2416

  1. Faly Yeste dice:

    Con ciertas reminiscencias del “Gran Hermano” de Orwell y escrito a modo de pinceladas según se suceden los acontecimientos, este relato ambientado en un entorno urbano futurista no deja de ser, de manera simbólica, un reflejo de esta sociedad actual en la que la pérdida de libertad parece ir ganando terreno a pasos agigantados. Sin embargo, hacia ell final encontramos una “proyección” de esperanza que sirve, a su vez, de “invitación” a “actuar”contra ese estado de inmovilismo asumido desde la pasividad.

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  2. taliesin dice:

    Me tienes alucinada con esa capacidad de “entreleer” mis relatos. Gracias por entenderlos y por comentarlos. Un beso 🙂

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