Cuadrando

Cuadrando

 

–¡Qué maravilla!

–¿Por qué es una maravilla?

–Por los colores (cómo se difuminan, cómo se entrelazan), la sensación de paz que da…

–Lo que hay es niebla.

–Es más que niebla.

–¿Eso por qué lo dice usted?

–Se nota que eso a lo que usted llama simplemente niebla, está así reflejada para dar la sensación de algo perdido, como un velo de tristeza por una ausencia.

–Por una ausencia… ¡ah!

–Bueno, hay quien no comprende las sutilezas del arte…

–Pero está claro que usted sí.

–Difícilmente encontrará usted a alguien que no me conozca.

–Sí, ya sé, es famosísima su colección. Pero el caso es que aquí solo hay niebla que envuelve una casa de campo normal y corriente. Lo que sí me parece es que el efecto de la niebla, técnicamente hablando, está muy logrado; vamos, que se ve que sabe lo que hace, que tiene oficio el pintor

–El “caso” es que usted no ve nada. Para empezar, no es un pintor sino una pintora…

–¡Ah! Y eso que más da…

–Da que la sensibilidad de una mujer es diferente de la de un hombre.

–Pues mire, en eso tampoco estamos de acuerdo. Pero la tipa pinta bien.

–No tengo ningún interés en estar de acuerdo o en desacuerdo con usted. Y en cuanto al lienzo, es evidente que no ve usted más allá de lo obvio.

–Es que no hay nada más: es un paisaje campestre con niebla y una casa. Podría ser que más allá hubiera un pueblecito de tejados rojos y parterres de rosas y lo mismo se imagina usted, incluso, a una mujer triste junto a una chimenea, que escribe una trágica historia de amores perdidos mientras saborea una copa de brandy, pero todo eso en el cuadro no está.

–Es usted una impertinente y sus comentarios no tienen ninguna gracia. No merece la pena seguir gastando mi tiempo en una conversación tan banal.

–En eso sí estoy de acuerdo con usted: no merece la pena.

–¿Sabe qué ocurre…?

–¡¿Aún pasan más cosas en el cuadro?! Cuente, cuente, ya que parece usted toda una observadora omnisciente.

–…Que no se hizo la miel para la boca del asno.

–¡Ah¡ Y a todo esto, ¿lo va a comprar? Como le gusta tanto, le traspone y sublima.

No creo que eso sea de su incumbencia.

En realidad, sí. Es por saber si voy a tener para comprarme el salami y pagar la habitación.

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6 Responses to Cuadrando

  1. Faly Yeste dice:

    Un relato en forma dialogada y lleno de dinamismo, sin irrupciones narrativas, que carga irónicamente y rozando lo mordaz contra quienes, desde posturas absolutamente snobs, alardean de un conocimiento y una sensibilidad de las que, en realidad, carecen por completo.

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  2. glutoniana dice:

    jajaja muy bueno 🙂

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