Ejecución hipotecaria

 

El agente judicial llama a la puerta de la casa.

El secretario del juzgado le informa: Hemos venido a lanzarle de la casa.

Un hombre en el interior responde: Ni yo saldré, ni ustedes entrarán.

El secretario judicial requiere a la policía para que identifique al hombre que se niega a salir.

El hombre se niega a identificarse.

El secretario judicial le advierte que con una negativa puede incurrir en un delito de desobediencia a la autoridad.

Silencio.

En el interior.

Momentos.

El hombre  se sienta, coge en sus manos el subfusil “Labora” con el que su abuelo luchó en el bando republicano, lo lleva poniendo a punto desde que recibió hace 30 días naturales el apercibimiento del desahucio…y  lo mira. Mientras lo mira piensa de una manera turbia y amarga: Sus padres, su mujer… están muertos, no tiene trabajo, no tiene casa, no tiene futuro.

Ruido.

En el exterior.

El secretario judicial, pide a la policía que desalojen al individuo, bajo la atenta mirada del procurador del banco.

La policía actúa intentando derribar la puerta.

El hombre del interior espera con la espalda pegada a la pared, frente a la puerta.

La puerta cede, cuatro policías entran en tropel, la vieja Labora resuena, dos policías caen de golpe, el tercero y el cuarto disparan alcanzando a Juan Martín, que muere en el acto.

La hipoteca ha sido ejecutada.

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