Descuento

 

El sabor de la canela.

La canela en rama se convirtió en polvo, no dejo de ser canela, el gusto era más efímero, se diluía, se mimetizaba, y aunque guardaba el sabor primero de la rama, ese sabor alegre, pendenciero que poseía en su abigarrada forma de pequeño pergamino, perdía su alegría lo mismo que el vino abierto pierde  sin remedio su aroma  y su entidad. Aguantó estoica formada entre las demás especias y cada vez que fue elegida para cumplir su cometido, ensalzando, endulzando, dando un toque de color, cumplió con creces lo que de ella se esperaba. Su sabor mezclado con viandas o con licor, dejaba siempre un retazo de dulce alegría, o una pequeña chispa de pasión. Al final, mermada en su potencia, en su resistencia, en su propia existencia, el bote de la canela desapareció de la fila de las especias. La poca canela incrustada y avejentada que aún quedaba en el bote, no dijo nada ante su destrucción, fue canela en rama, canela fina, y como solo una canela sabe, dejo su recuerdo mas allá de la muerte, porque solo la canela deja el recuerdo de su sabor, más allá del paladar, en el corazón.

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