Licencia de autor.

 

 

 

Licencia de autor.

 

La idea de la película le había gustado…pensó en ello durante un largo espacio de tiempo.

Ella como escritora tenía la misma posibilidad.

Licencia de autor.

Significa que puedes hacer lo que te venga en gana en tu mundo ficticio, para eso es tu creación, ya que sin ti no existiría ese mundo.

Lo mejor. En esos mundos no hay restricciones.

Meditó sobre aquel pensamiento, al igual que los patos beben agua, pausadamente.

La verdad, le apetecía matarla. No una muerte truculenta y dolorosa, no, más bien una muerte rápida y expeditiva.

Se imaginó como un ser absoluto con poderes infinitos…hum… se deleitó. ¿Y que más?…Regocijarse en una idea de venganza le resultaba algo muy pueril…Darle forma narrativa, crear un entorno coherente…¡uf!demasiado cansado para tan poco premio.

Algo corto y sutil estaría mejor.

Un relato breve, sería lo adecuado .

 

La red.

 

Siempre había realizado las piruetas y Marina siempre la había cogido con la misma seguridad y fortaleza . Tanto confiaba en ella, que le propuso hacer la función sin red.

El éxito fue total.

-¿Te das cuenta de que no solo confío en ti, sino que dejo mi vida en tus manos?-.

-No tiene tanto mérito, los vínculos que nos unen te hacen estar segura-. Fue su respuesta.

Pero la vida cambia.

Marina quiso ser la que diera las volteretas.

Y así fue. Como tenían ya por costumbre, sin red.

-Me haces dudar- Le dijo un día Marina.

-Miras al público y eso te hace descontrolarte, por eso llegas descentrada-

Le contestó.

Discutieron, que si la culpa es tuya que si la culpa es mía.

-No confiás en mí- Le dijo a Marina. -Ese es el problema. Yo siempre confié en ti-.

-Será mejor que trabajemos con red-. Fue la contestación que recibió.

Desde entonces fue así.

Aparentemente nada cambió, pero a partir de ese día comenzó a sentir vértigo.

El día que se rompió la red…

 

 Deus ex machina.

 

Paró de teclear, de nuevo pensó como los patos, levantando la cabeza.

No podía desasociar a la escritora de la persona. No quería matarla ni siquiera imaginariamente. Su enfado no la cegaba.

Introdujo un truco literario.

 

…El día que se rompió la red, Marina estaba en el aire, en medio de un doble mortal. El estrépito de tubos cayendo, cables siseantes soltándose a toda velocidad, junto con el ¡oh! asustado que emitió el público, hicieron que Marina perdiese la concentración y el equilibrio. El final de la segunda pirueta terminó siendo el comienzo de una caída descontrolada, no le dio tiempo a estirar los brazos hacia la trapecista receptora…En ese momento, apareció un ángel de dorada cabellera y hermosas alas blancas, que la sostuvo en el vacío, hasta que su partenaire pudo asirla por las orejas, y tras un fuerte balanceo consiguió depositarla a salvo en su propio trapecio.

Se miraron la una a la otra desde la distancia .

A una se le había pasado el vértigo, a la otra se le había pasado el miedo.

                                                       FIN

 

Sí, pensó levantando la cabeza del escrito. Así ya estaba bien, un tirón de orejas sería suficiente.

Y mientras cerraba el ordenador, pensó para sí misma en lo divertido y relajante que era escribir historias.

 

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