La villa

 

La Villa

La casa, o lo que quedaba de ella, estaba a la entrada del pueblo, al pie de lo que antaño fuera el paseo de las acacias y que hogaño es solo una prosaica carretera asfaltada. De las dos líneas de acacias que escoltaran al camino en sus tiempos de esplendor, solo quedaban cinco, desperdigadas a ambos lados, como empecinado recuerdo de otros tiempos más dulces. La villa, ya sin nombre, se erguía aun desdibujadamente hermosa, con el orgulloso regusto del tiempo pasado en sus paredes marchitas.

De una sola planta, era la parte posterior con su amplia terraza modernista, la que se dejaba ver al pueblo. La entrada principal con su pequeña avenida arbolada, quedaba oculta a los ojos de los viandantes, una seña más, de su marcada personalidad elitista.

Había sido la morada de un poeta celebrado, sede de reuniones del artisteo de su época, bailes, cenas, tertulias, lánguidos paseos por la vera del cercano río. Centro de reunión de escritores, músicos, arquitectos y gente estilosa de la alta sociedad. Pero ahora, el pasado esplendor dormía el sueño del olvido, arropaban sus muros tupidas enredaderas, se enseñoreaba el musgo por los suelos decorados. Ya nadie vivía en ella…o si.

-No queda casi gas, hay que ir a la gasolinera, ¿me oyes?- Es la voz de Majo – Vale, si, te he oyido- Y esta, la de Mante. Las dos, viven en la villa desde hace poco menos de un mes, junto a su perro “chucho”. Son ocupas, aunque ellas prefieren definirse como “aprovechadoras de los excedentes de los ricos”.

-Pues ya estas cogiendo el San Fernando y yendo a por una bombona-

-¿Ahora?- Contesta Mante- Si ahora- Dice Majo- Si quieres cenar, claro.-

Mante se acerca a su compañera, la abraza por la espalda y dice con un ronroneo – Podemos cenar otra cosa……- Quita, quita, si fuera por ti, no tendríamos otro menú. Anda ves, y ya veremos después….. Se oye un suspiro, seguido de la voz de Mante-¡Vamos Chucho¡ a cumplir las ordenes de la dueña.

Llevan tres años juntas, viajando donde les lleven sus pies, ganándose la comida con la zanfona de Mante, la voz de Majo, y las viejas, viejísimas canciones trovadorescas del medievo. Tienen el empuje de su juventud, el espíritu de los seres libres, y la fuerza del amor que las une….y a Chucho, un mil leches, golfo y guaperas que las sigue fiel desde que lo encontraran de cachorro tirado en una carretera.

-¡Butaneraaaaaaa¡- Escucha Majo a sus espaldas, y no puede evitar esbozar una sonrisa- Pero que petarda eres- Piensa para si. Y se vuelve con la misma ilusión de cuando se dieron el primer beso, la ilusión de aquella que sabe que aunque este anocheciendo, la luz siempre llega con ella.

-Derrengados estamos. ¿A que si Chucho?-Dice Mante. –Guau- contesta convencido y divertido Chucho- Ya será menos, camarada-Contesta riendo Majo- El peso de un camping-gas no es tan terrible…..- No – Contraataca Mante- La terrible eres tu. A por ella Chucho¡¡¡ – Y se enzarzan los tres en una escaramuza de chiquillos.

De las habitaciones de la villa señorial, quedan pocas utilizables, han adecuado una que no tiene goteras, esta al lado de la cocina, apenas hay mas que un par de muebles cascados, una mesa improvisada hecha con una ventana, y dos cajas de coca-cola por asientos. El menaje nada tiene que ver con los cubiertos de plata repujada de los anteriores moradores, platos de plástico, útil navaja suiza, eso si, como antaño, hay luz tenue de velas, y como antaño, miradas cómplices, risas, alegría. Tan diferente todo, y tan igual.

La cena termina, y la feliz compañía, sale a disfrutar del calido aire de la noche de verano, que se refresca en el rió cercano. El embrujo de antes permanece en el hoy, la brisa, el sonido del agua deslizándose, el olor dulce de las acacias. Sin mas, Majo comienza a cantar con voz suave de arrullo, su mirada se pierde en el discurrir del rió, como tantas veces en el pasado ocurriera. Canta casi en un susurro, como no, una hermosa historia de amor. Y Mante, compañera y amante, se tumba a su lado, y deja reposar su cabeza sobre su compañera, se unen sus voces, como las sombras de la noche, se unen a la plata del rió. No estarán mucho tiempo en la villa sin nombre, no tardaran mucho en irse, antes de que llegue el frío.

Pero esta noche será su palacio, esta noche la altiva terraza, volverá a ser cuna de amantes, será resguardo de besos, confidente de suspiros, será de nuevo testigo de amores entre artistas, asistirá muda, a la mejor creación del ser humano; el amor, y con ello, también ella, por una noche, recobrara de nuevo orgullosa, su perdido esplendor.

Nadie lo escuchara, pero las centenarias acacias, susurraran un callado “Gracias”.

Para Acacia, con cafe y algo de magia

Taliesin

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4 Responses to La villa

  1. http://elrincondelalibelula.wordpress.com/ dice:

    De nuevo con café..de nuevo sorprendida y re-hallada. La magia es tuya escribidora, yo solo caí ante ella como libélula felizmente cazada.
    Gracias, un beso, dos, tres, cuatro……
    Acacia.

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  2. morgana dice:

    bellísimo!! me he imaginado a la Villa perfectamente y a las Acacias… jajajaja Bellísimo, bellísimo!!

    También te he agregado. Nos seguimos leyendo.

    Un saludo!!

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  3. taliesin dice:

    Bien hallada, hada avezada, esta tambien es tu casa, gracias por pasar y dejar huella.
    Un beso

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  4. ML dice:

    ¿te dije que es mágica la villa y me encanta…?
    pues te lo repito! genial!
    abrazos! ML.

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