El Dulce meneo

 

El Dulce meneo

 

Allí estaba, a las afueras de Burgos, rodando en la carretera general. A lo lejos unas luces. Me oigo dar un suspiro. Llegamos al Dulce meneo, una parada donde reponer fuerzas, como la posada de un peregrino, si no fuera, porque somos músicos de orquesta y la posada es un club de alterne. Bueno, todo en esta vida es según se mire. A mí me reconforta ver las luces azules y rosas de neón.

Desacelero, pongo el intermitente y meto el camión en el parquin de gravilla. No hace falta que despierte a mis compañeros músicos, bajan con celeridad del camión y enfilan directos a la puerta del club. Hace un frio que pela, es la rompía del amanecer, esa que si me pilla en mi camita me despierta por el frio, y que si me pilla de viaje me destempla. Los chicos ya están entrando por la puerta mientras yo aun estoy cerrando el camión y me arrebujo en mi cazadora tejana forrada de borreguito, esa que me compro mi madre al cumplir los diecinueve, y que siempre viaja conmigo. Los dioses bendigan a mi madre y a la cazadora.

Abro la puerta del bar. Calor súbito, contra el frio exterior, colores chillones contra el gris del amanecer, ruido estridente contra el silencio del paramo. El Dulce meneo en todo su apogeo. Camino entre la lucecitas de colores directa hacia la barra. Esta Carla. – Hola moza¡¡- le digo con una sonrisa.- Hola nena¡¡ me responde, devolviéndome la sonrisa. ¿Esta Charo?- La jefa siempre esta, nena-. Me contesta. La veo que va al interfono, dice algo por él. Menea la cabeza hacia arriba y me lanza un beso. Paso detrás de la barra y salgo por la puerta que comunica el bar con el piso de arriba, las habitaciones de Charo. Subo unas escaleras de terrazo gris, llamo a la única puerta del rellano. Espero. Abre la puerta una mujer, que al primer golpe de vista parece más joven de lo que es.

Niña¡¡ Bienvenida- Hola Charo- contesto con una amplia sonrisa, y nos damos dos sonoros besos, de esos que se dan de verdad, con cariño, besos de pueblo.

Cuéntame cosas niña, me dice mientras atravesamos la habitación, -Tendrás frio como de costumbre, ¿no?-, -Si- Contesto. –Voy hacerte un café, me dice, -siéntate, ¿Qué?, cómo va la temporada?- Bien, bien- la contesto, mientras me siento a la mesa camilla que luce un tapete de ganchillo- Tenemos bastantes fechas cubiertas. Me da que este verano, nos veremos unas cuantas veces- Dios te oiga, me contesta desde la cocina. La oigo entre el ruido del molinillo, esta moliendo el café. Pliego los brazos sobre la mesa camilla y descanso mi cabeza sobre ellos. Me duermo, porque cuando levanto la cabeza ya están encima de la mesa dos magníficos tazones de café con leche recién hecho y un plato de galletas chiquilín. La veo sentarse mientras  aparta mi siempre largo flequillo de la cara y me dice. –Trabaja mucho, que aun eres joven y fuerte, y recuerda lo que siempre te digo. Mientras puedas vivir libre, por más que cueste,! hazlo¡- No contesto nada, cojo el café y cuatro galletas que agrupo y mojo juntas en el café. Un “hummmmmm” de satisfacción sale de mi garganta- Charo, te quiero- le digo. ¡Ay¡ niña, y yo a ti. –¿Tus chicos?, deja la pregunta en el aire. –Con tus chicas- le respondo- y las dos nos reímos con la gracia- come, anda, me dice, y me dedico a ese menester.

Estoy en la habitación de una madame, en una casa de putas, de madrugada, comiendo galletas chiquilín. No. Mi vida como la de las demás chicas de veintitrés años. Conocí a Charo (de edad indefinida) hace tres años, al volver de la gira por Castilla. Su local, El Dulce, está en la ruta de verano de mi orquesta. Era el último día de las fechas de Castilla, y los chicos querían juerga, es lo que tiene cobrar en mano. Esa primera vez, me quede durmiendo en el camión. La segunda, baje, entre en el bar y pedí un café en la barra, recuerdo que a la chica que me atendió le hizo gracia- Aquí no hay café, niño guapo- me dijo (siempre me confunden con un chico). Te pongo un whisky?. No me puso el whisky, le aclare a la chica, que yo era una chica, que esperaba por mis compañeros músicos, y me había quedado tiesa de frio en el camión. “solo quiero un café caliente” termine. –Espera- dijo otra chica de la barra, que desapareció. Al rato bajo con un vaso de café caliente. –¡Virgen del Pasamanos¡ gracias¡¡ Me tome el café en la barra, entre música casposa de cumbia colombiana, y luces de colorines que apenas alumbran. Después volví a dar las gracias y me fui al camión. La tercera vez (Lo que les gusta a los tíos gastarse el dinero en estas cosas), le pedí el café a la misma chica, y esa vez, Charo le dijo que subiera. Cosa que hice. Desde entonces voy directamente a la barra, saludo y subo a por mí café con galletas, mi ración de historias increíbles de las correrías de Charo, y un poco de refugio y calor, que me reponga del frio y el cansancio.

Charo es una mujer increíble, fuerte, sensata, inteligente y aun bella. Fue amante de un marques, vivió en  Paris y en Florencia, chapurrea el francés y aun suelta muchas burradas en italiano. Le gusta decir que ha vivido y que ahora que es pendeja, es empresaria, pero que nunca ha dependido de un hombre para hacer su vida, me dice que en eso nos parecemos, ambas dependemos de nuestro propio esfuerzo, ningún hombre nos dirá que hacer, ni como.

Termino de comer las galletas, y me pregunta por enésima vez,-¿ya tienes novia?- No Charo, aun no. Aunque no pierdo la esperanza, de encontrar algún día una chica que me quiera. -Di que si hija- Me dice, que eres muy mona, y además un cielo de niña. –Jajajaja, si soy buenina, si- contesto. –Ya sabes, me dice tras beber un sorbo de café, que Nelly está dispuesta para ti, que le gustas, – Si Charo, lo sé, y es halagador, pero no echo polvos, no puedo, no sirvo para eso- Pues- me dice, mirándome muy seria.- Follar es bueno, ya te darás cuenta cuando pasen unos años y dejes de ser tan romanticona. La conversación toma los caminos de los recuerdos de Charo, y hablando de sus correrías nos dan las taitantas de la mañana. Suena el interfono, es Carla, que ya cierran, y mis chicos esperan fuera, que donde estoy- Que se esperen contesto- ¡Eso¡- Dice Charo- que se esperen, la jefa eres tú, hazte respetar. Yo cuido de mis chicas, pero siempre tienen claro, que soy yo la que manda, si no se suben a la chepa. Termino otro café, apago el enésimo cigarrillo y me levanto. -Bueno, niña- Me dice- Acuérdate de pasar a tomar café con esta antigualla, cuando pases cerca, y cuídate. Nos damos otro par de besos. Bajo la escalera, atravieso el local, y a la salida encuentro a mis músicos, seis tíos, cuatro casados y dos con novia… que me esperan delante del camión. Sé que les choca, les intriga que salga del puticlub, pero no contesto nunca a sus preguntas, ni hago caso de las bromas de mal gusto que hacen al respecto. –Venga- digo. Al camión y “pa” casa. Ya es de día cuando salgo del parquin de gravilla, antes de dos kilómetros los chicos estarán roncando. A mi aun me quedaran tres horas de carretera hasta llegar a casa, y mientras conduzco pienso que es bueno, que en mi mundo este Charo y su posada de peregrinos.

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2 Responses to El Dulce meneo

  1. lors dice:

    Tan jovencita y por estos barrios jajajaj…….vaya trozo de vida, no todo el mundo puede explicar semejantes cuentos auténticos. Si, si ya me acuerdo de estas aventuras, era muy divertido cuando las explicabas, una parte de ti que sabes hacer muy bien.Con mucho carinyo y muchos aaaaaaaaaaaaaaaaa Lors

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  2. Isabel dice:

    Que magnifica forma de relatar, eres una gran escritora Marta.Consigues meter al lector en la historia y ambientar perfectamente tus dialogos y los espacios, las sensaaiones, los momentos. Aú me reconforta ese café caliente con galletas. Olé!Te animas a participar en el evento de relatos contra el hambre? Andaaa,,, sería un honor.

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