La casita de los mil amaneceres

 

La casita de los mil amaneceres.

 

La cafetera emitía el sonido familiar que indicaba que el café estaba preparado, alargó la mano y la quito del pequeño hornillo que era la cocina.

Vertió una cantidad considerable (“total es descafeinado” solía decirse,) en una taza que guardaba desde niña, y se dispuso, tras sentarse en el banco acolchado, a disfrutar del primer café del día, mientras miraba por la pequeña ventana lateral. No tenia ni idea de que hora era, tampoco le importaba, hacia tiempo que esas cosas anodinas de la vida monótona no le estropeaban los días. Sabia que anoche había llegado a una pequeña ciudad, que la había atravesado siguiendo el letrero que ponía playas, y ahora disfrutaba de la vista del mar en primer plano. Apenas hacia dos días que le había dado la gana de ver agua, tras llevar varios días recorriendo montañas en busca de románicos escondidos. La mar, se dijo, ella se había criado en puerto de mar. Su atención se desvió hacia el perro que la empujaba con el hocico. “Uis” exclamo , tu desayuno cosita peluda, y alargó la mano hacia uno de los armaritos de debajo del fregadero, abrió un paquete y vertió una cantidad de bolas para perros, al tiempo que  cogía de la mini nevera una lata de comida perruna y lo mezclaba, “en cuanto me despabile salimos a caminar a la orilla” le dijo a la perra, y el animal entendió perfectamente las palabras de su amiga. Siguió saboreando el café mientras habría el ordenador y se leía la prensa digital. El mundo seguía su curso frenético, insípido y enfermizo de siempre, y como siempre desde hacia ya años, lo hacia sin ella, con la complacencia de ambas partes.

Camino un trecho largo por la playa de arena batida, contemplando las olas grises de invierno. Erin, su husky, corría por la playa olisqueándolo todo delante de ella, aunque de vez en cuando volvía para cerciorarse de que la seguía. Algo sur-mer había leído anoche al aparcar. Comenzó a llover “!vamos¡” grito, mientras emprendía el camino de regreso sobre sus propios pasos. La perra la alcanzo rápidamente, para cuando llegaron de nuevo a la caravana ya llovía con fuerza. Se despojo de las ropas húmedas, se puso un pantalón de chándal gastado, una camiseta. Seco a la perra, conecto el calefactor, se preparo otro café, se sentó pensando “esto es el colmo de la felicidad”, después abrió nuevamente el ordenador, los días grises la inspiraban para escribir. Ya tenia avanzada la historia, pronto la enviaría por correo, a vuelta del mismo recibiría el cheque y….miro el calendario, el contador de días que había puesto en marcha cuando empezaron a vivir en la caravana ¡demontre¡,exclamo, “Erin mira- le dijo a la perra-, hoy hace mil días que vivimos aquí”, La perra contesto con una especie de gruñido como si comprendiera y se subió al asiento junto a ella,”mil días, se dijo. Tendría que escribir algo al respecto”. Mil días desde que había abandonado su vida anterior, el pasado de trabajo sin descanso, la pesadez de la familia, la búsqueda infructuosa del amor, aquel vivir sin vivir siempre atenta a los demás, el pasado que le produjo el colapso, el coma. Y después  mil días ya, viviendo feliz, viajando, asomando sus ojos cada día a un sitio diferente, paisajes, montañas, arquitectura, mares, ciudades, sin prisas, sin explicaciones, sin horarios, sin responsabilidades ….Rasco a la perra entre las orejas y le dijo “¿eres feliz bicho peludo?”, si, lo eres. Lo somos, corroboro. Sabes.., mañana iremos a la ciudad y compraremos una tarta de crema quemada para celebrarlo, es mas voy a tomarme un wiskyto. Si murmuro mientras sacaba la botella de la minúscula nevera, mil amaneceres de felicidad, y lo que queda. Sonrió para si, y dejo perder de nuevo su vista a través de la pequeña ventanita empañada, a través de la cual, a pesar de su tamaño, tenia  la libertad de ver cada día, un amanecer diferente, y la inmensidad del mundo.

 

Para Luisa, mujer libre, con cariño.

 
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2 Responses to La casita de los mil amaneceres

  1. Josep dice:

    Un brindis por los mil días de felicidad!!!!Y una chuche para el peludo.Un beso MartaJosep Capsir

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  2. yo misma dice:

    nena!!! coño!! que no merecemos tantoooo… y tàmos emocionaitas…aiss, brindamos CONTIGO!>

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