El primer concierto (1)

 

El Primer concierto

Hacía frío, pero iba bien abrigada con el abrigo azul y la bufanda blanca, me gustaba mucho el abrigo azul. La plaza estaba llena de gente, mamá hablaba con algunas de las personas y se daban besos. Yo no soltaba su mano, me había dicho que tenía que ser muy buena. Íbamos a ver una cosa de mayores, a escuchar un concierto y tenia que comportarme. Miraba de reojo la casa a la que íbamos. Era muy grande y bonita, con muchas ventanas grandes y blancas, como los palacios de las princesas. Lo mismo mamá me levaba a ver una princesa. ¿Estaría el rey?), me preguntaba. Empezamos a entrar todos, apreté fuerte su mano, había mucha gente grande, estaba algo extrañada, no veía niños….Hacía calorcito dentro, como en casa. Los mayores hablaban todos a la vez y hacían un ruido como el ronroneo de un gato gigante. Estaba lleno de luz, brillaban las cosas y arriba del todo del techo ¡la lámpara!, ¡la lámpara mas bonita que había visto nunca!. Me quedé mirando la luz que reflejaba en los espejos, mamá se agachó un poquito y me dijo, “esa lámpara se llama araña. Porque tiene muchas patas, ¿te das cuenta?”. Si, dije, y a continuación le pregunté algo asustada,-¿ Pero se queda ahí quieta verdad?, no baja….Si cariño, no se mueve -fue su tranquilizadora respuesta-.

Algo pasó que me perdí, porque todos los mayores se pusieron a entrar como en el cole, haciendo filas, por unas puertas muy bonitas…¡Nosotras entramos por la más grande, y mis brillantes zapatos negros, (mamá me había puesto los zapatos de charol, los que brillan), resaltaron sobre una alfombra roja¡. Estaba pensando que era una alfombra muy larga cuando el mayor que llevaba delante se quitó. Corroboré mi sospecha. Íbamos a ver a un rey, estábamos dentro de un palacio, eso si lo sabía, era igualito al que salía en la película de la princesa que tanto le gustaba a ella. Todo era rojo y dorado, como una tarta de crema con mermelada de fresa. Había muchos sillones en filas, y al fondo una cortina gigante, que seguro había sido hecha por la giganta del reino. ¡Vivimos en un reino? Me pregunté….ya se lo preguntaría más tarde a mamá, porque las sorpresas no paraban. El salón donde estábamos, era como redondo, había mucha, mucha gente, y el palacio tenia balcones con cosas doradas, y las sillas de ese rojo tan guapo. Entramos por una fila de los sillones, mamá me sentó en uno y ella se sentó a mi lado. Era suave, -”Mamá, mira, el sillón es como Yogui de suave- .Es una butaca, me dijo, mientras me quitaba el abrigo azul,- y es de terciopelo, ¿te gustan?. Jope¡¡¡¡solté. Y mamá me recordó que tenía que estar callada y muy quieta. Si,si,si, le contesté con convicción. Los pies no me llegaban al suelo, pero nunca me llegan en ningún sitio. Una señora se sentó a mi lado, llevaba un abrigo de piel de peluche, y me sonrió. Que niña más bonita, dijo. Mamá se inclinó un poquito adelante: Mira lo que te dice esta señora. Le contesté que si con la cabeza. No me extrañaba que me lo dijera, llevaba un vestido bonito, con la chaqueta de piel de gato. Me quedé mirando el techo, todo era tan bonito…Mamá me pregunto, -¿Te gusta el teatro?, dije que si, que mucho. Me señaló un poquito con la mano hacia la izquierda. ¿Ves esa escalerita?, pues es para subir a la primera línea de palcos, que es como se llaman. El que hay primero, al lado de la escalera era el de tu abuelo. ¡Meca!! Y casi, casi, que puede ver al abuelo sentado todo guapo. Sonreí, me gustaba, era un sitio familiar, el abuelo también venía. Mamá cambió de tono, como cuando se pone triste, y añadió “El Campoamor está lleno de recuerdos de tu abuelo”. Me acordé de que íbamos a escuchar música, pero de verdad. Ya iba a preguntarle donde estaban los instrumentos, porque no los veía, cuando llevándose el dedo a los labios, hizo “chisssss”- “Que va a empezar”. Y todo quedó en silencio, se apagaron las luces, me agarré fuerte a su mano, pero no me dio tiempo a asustarme más, porque se levantó la cortina gigante y !aparecieron un montón de músicos con sus instrumentos¡. Yo sabía que eran de madera, y vi. los violines y los violonchelos, que eran violines, pero más grandes. Iban todos vestidos de negro y blanco, yo los miraba de uno en uno, me sentía feliz. ¡De pronto, otro susto¡ todos los mayores se pusieron a dar palmas. Había entrado un señor vestido como de baile de princesas. ¡Ah! Claro- me dije- es el director, el señor que tiene un palito y los demas músicos hacen lo que él dice, mamá me lo había explicado. Nos saludó, se volvió, hizo tac-tac, levantó los brazos. Yo ya estaba sin respiración, nadie podía hacer ruido en ese momento, lo sabía. Al bajar los brazos, empezó a sonar la música.Mamá tenía razón, era diferente, la música de verdad era distinta, suave como las butacas, los sonidos eran bonitos, me sentí muy bien. Estaba asombrada, era como si estuviera viviendo en un cuento. La música sonaba alrededor, enfrente, por todas partes, era como si saliera de los instrumentos y se pusiera a pasear por las filas….por el pasillo de la larga alfombra. Seguí mirando hacia los músicos  (mamá me dijo que tenía que estar muy muy quieta), y no quería mover la cabeza, pero empecé a ver como la música se movía, se parecía a la corriente del río, que había en el pueblo del otro abuelo, era igual de bonito. Donde los músicos parecía más como una ola pequeña, y sentía como si me pudiera mover con ella. Las corrientes empezaron a tomar forma, y tener colores, a veces los veía como rápidas, saliendo disparadas, otras iban lentas, había algunas que metían dentro de mi, pero salían como si no  tuviera cuerpo. Eran de colores, ¡los colores mas bonitos del mundo!, estaban por todo el teatro, y según la música era más rápida o lenta, cambiaban de color, aunque siempre había colorines sueltos y billantes por la parte de atrás de la orquesta, pero al rato de estar así, empezaron a perder color, las corrientes eran tristes, y yo empecé a sentirme triste.-¡Noo!- pensé para mi -¿Que les pasaba?. La música se hizo más lenta, me acordé de me mamá me había dicho que era una música “solemne”, me aprendí la palabra “es una cosa que es muy importante y seria”. Los ríos de colores casi se iban parando. Pensé “a lo mejor es que como es solemne, y de mayores, por eso es tan serio ahora. Esta parte de la música tiene que ser muy importante. “Presté mucha atención, pero los sonidos eran cada vez más

 
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