El desayuno

 El desayuno.

Toma café cargado apenas cortado con un poco de leche, fuma tabaco que ella misma se ha liado, adereza el desayuno con pastillas de colores, para la tristeza, para los calambres, para los dolores.

La miro y me dice sin venir a cuento “hay un duende en mi caja de medicamentos”, la sigo mirando y sonrío. La caja  de medicamentos es una caja de zapatos, que hace la función de cajón de una mesita de noche que tampoco existe.

-Ríete-, me dice mientras se levanta renqueando de la cama, -pero hay una crisopa dormitando entre el voltaren y la morfina-, añadiendo al pasar a mi lado. -O sea, un criscris, que como todos los niños buenos sabemos, es un hada-.

Suspiro; al fin es su imaginación lo que más me gusta de ella.

Tiene un andar difícil, cuando reaparece en la puerta del dormitorio trae en una mano, lo que ella llama un“cafetaco” y en la otra su inseparable bastón.

-Pues mira- continúa diciéndome mientras torna de nuevo a tumbarse.- El criscris está poniéndome al día de cotilleos, se ve que el otro día en un descanso coincidió con una ardilla que estaba de tertulia con un avellano, y pareciéndole de mala educación quedarse a escuchar, pues ya sabemos todos que las ardillas tienen un vínculo familiar con los árboles, tomó impulso y se dio de bruces con una loba, que ultimamente frecuenta mucho la zona. Es de la camada de la loba de la quintana, vaya, del paraje en el vive ella también. Pues eso, que sin querer se dio directa con un ojo de la loba-.

De pronto, el silencio súbito hace que me vuelva mirarla, se ha quedado callada, la veo abstraída en ese metódico ritual de liarse el porro.-¿Qué… y qué pasó?-,le pregunto intrigada mientras la miro. Y mi mirada dice ,“no deberías fumar eso”.

-Pues nada- me contesta llevándose el cigarrillo especiado a los labios, dilatando el tiempo un poquito más encendiéndolo, haciéndose desear.- Así pues-contesta al fin– también te interesan los cotilleos cotidianos del criscris. Reconoce que un criscris es un hada y te cuento el resto-. -Vale… -suspiro,- un criscris es un hada-. -.Espera-, me contesta,- le digo a ella que siga, y así lo voy transcribiendo al World-. A ver, -dice mirando la caja de medicamentos-¿qué pasó?-.

-Pobre que susto le di-, dijo el criscris, – ya sabemos todos que las lobitas son todas unas quejicas, no fue para tanto y además yo me llevé la peor parte, me doblé un ala hacia arriba, y me hice daño. La lobita que es exagerada como ella sola, soltó un aullido, pilló descolocada a la ardilla, que estaba en pleno salto para llegar a otra rama del avellano y se trastabilló ,cayó y se metió un considerable costalazo. Yo aturdida y con mi ala malherida, solté un ¡demontre! y claro, el avellano empezó a reírse y a decir esas suficiencias que dicen los árboles. Que si que acelerados sois…, si es que no habrá campo para todos…el caso es meter ruido…La lobita, se sentó sobre sus cuartos traseros muy compungida mientras se frotaba el ojo, y me dijo. -¡Jope! criscris, siento no haberte visto, ¿estás bien?-. Es una lobita educada, pensé yo. Claro, es de la camada de la Quintana, que recuerdo una vez que…-

!Criscris¡- oigo decir con voz potente,-  te vas por los cerros de Úbeda, termina de contar que pasó. No necesito el árbol genealógico de la loba, ¡coime! que te dispersas…

-Bueno retomemos-, continua el criscris, -estaba en que la lobita me pidió perdón muy educadaménte, y encima le pidió perdón a la ardilla, acercándose a ella y dándole un lametón dejándola despeinada, lo cual a mi me pareció un bonito gesto, y al avellano una cosa innecesaria.

-Es que me he asustado-le contestó la ardilla-, así de pronto, el aullido…- murmuró  mientras se sacudía la cola de pequeños restos campestres, -Pero no pasa nada ,no me he hecho daño, no te preocupes… –

-Pues vaya-, comenté, -aquí la única que casi se parte soy yo-, -mi alita sí me dolía-. -Bueno, tengo que reconocer, que yo tampoco he mirado mucho antes de arrancar el vuelo-.

-Si es que los que voláis, nunca miráis por donde vais-. Se metió por medio el avellano. -Y tú-…le dijo  a la ardilla reprendiéndola, -no solo olvidas donde dejas guardadas las avellanas que te doy, si no que además ahora cualquier cosita te despista, claro que es lo que tiene el amor-. Continuó el avellano.

-¿Estás enamorada ardillíta?- Le preguntó con voz melosa la lobita. La ardillita se puso un poco colorada, pero no dijo nada. El que sí dijo fue el pesado del avellano, que le contestó a la lobita. -¿Sabes hacer algo más que montar algarabías y hacer preguntas tontas?-, y dirigiéndose de nuevo a la ardillita le espetó. -Estar enamorada no es excusa para descuidar tus labores-.

-¡Vaya!- dije yo terciando de nuevo en la conversación,- qué sabréis los seres de madera de sentimientos-.

-Los avellanos son muy sabios-, dijo la loba mirándome. Y en su mirada, vi que quería cambiar de conversación.

-Sí, muy sabios- contestó el avellano, -tanto como para darme cuenta de que bajas tú mucho de la Quintana y te pasas las tardes tumbada a mi sombra, ¿porqué será?,¿eh?-.

-¡Pues sí!-, tercié yo. -Qué te importará donde se pase las tardes la loba. Los árboles no tenéis sentimientos- insistí . Noté que el avellano se estaba enfadando por mi desparpajo, también la ardillita y la lobita lo notaron.

-Bueno- dijo la loba cambiando de conversación, -no ha pasado nada…más que el susto, ya estamos todos repuestos, he de irme tengo que subir a la Quintana, y me queda un trecho. Hasta otra amigos-.Y algo azorada se despidió.

Yo me quedé con las ganas de discutir con el avellano, pero la ardillita ya estaba otra vez enredada con una avellana y haciéndole zalamerías al avellano. Parecía que nadie quería saber más sobre los amoríos de la ardilla, así que al quedarne sin contertulios, levanté vuelo y con mi alita mala, todo fue ir volando hacia abajo con la pendiente . Afortunadamente el avellano vive encaramado en una senda muy alta y por lo menos el camino se me hizo mas llevadero. Luego al pasar por delante de tu casa ,vi abierta la ventana y me metí en esta acogedora caja  a pasar la noche, mientras se recuperaba mi alita.-

-Bueno, hasta aquí la historia- la oigo decir -veremos ahora en la parte que nos toca si podemos ayudar a este discutidor criscris. ¿Te parece?- Me pregunta, mirándome con cara de niña buena.-Me parece- ,le contesto siguiéndole el juego. Y veo como parte una aspirina y tritura un trocito, coge un poquito con un dedo y dice. -Toma un poco, ya verás como te vendrá bien-.

Me quedo pasmada, con sonrisa infantil, como cuando veía que habían venido los reyes la mañana del 6 de enero. Un pequeño insecto verde, de alas traslúcidas y finísimas, con pequeñas antenas, pero ojos grandes y pizpiretos, sale de la caja, se sube a su dedo, pica un poquito, después se va a su oído, emite un zumbido y sale volando por la ventana. No puedo evitarlo y le pregunto perpleja. -¿Qué te ha dicho?-.-Pues… me ha dicho señorita, que da por buena la peripecia, si ha ayudado a que tú tengas de nuevo fe en la magia de los cuentos-, y dicho esto, la veo escribir en el teclado: “y colorín colorado, este cuento se ha acabado”.

Toma un trago largo de café, me mira y me dice.-Es que el amor es mágico en todas partes-.

Y yo me digo a mi misma : como me gusta soñar, despertar a tu lado y desayunar imaginación con café.

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3 Responses to El desayuno

  1. tere dice:

    Gracias al cris cris por regalarnos un fragmento de esa vida mágica a la que ya no dedicamos nuestra atencion porque al parecer no es muy rentable. Tremenda equivocación la nuestra.

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  2. Taliesin dice:

    Gracias a ti Tere, por leerlos y asi hacer posible que esos mundos tomen forma y puedan existir tan lejos de aqui.

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  3. gracia dice:

    cielos…cuanto hacía que no contenía la respiración mientras leía un cuento esperando ansiosa el desenlace¡¡¡¡¡¡¡ durante un rato me has devuelto a la infancia…gracias, Marta, por los deliciosos momentos que nos haces pasar con tus escritos, incluso cuando son relatos desde la pesadumbre y el dolor…

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